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La atención, ¿qué es?

La atención, pese a que no existe consenso, es muy frecuentemente definida como proceso, proceso cognitivo imprescindible para llevar a cabo el aprendizaje. Más concretamente, se puede definir como la capacidad de inhibir los estímulos irrelevantes y seleccionar y focalizarse en los estímulos relevantes para la consecución de un fin concreto.

La atención como elemento en el proceso de aprendizaje

La atención, dentro de los procesos cognitivos, no funciona como actividad aislada, sino que se relaciona directamente con el resto de procesos en forma de mecanismo vertical, de tal manera que activa y permite el funcionamiento del resto de procesos involucrados en el aprendizaje.

Factores que influyen en la atención de la persona

En términos generales, la atención puede variar en cuanto al número de elementos sobre los cuales se centra la persona, así como varía a lo largo del tiempo, la estabilidad de la atención en un periodo de tiempo dependerá de factores como el grado de dificultad de la materia, la familiaridad con ella, el grado de comprensión o la actitud y el interés de la persona con respecto a la materia.

Los factores que modulan el nivel o grado de atención, en relación al estímulo, pueden ser: tamaño, color, posición, complejidad y detalle, movimiento y también novedad del estímulo. Sin olvidar los factores intrínsecos a la persona: Intereses, intenciones, motivaciones individuales o rasgos de la personalidad en general. Expectativas en cuanto a los resultados (necesidad de adaptar la actividad a la capacidad del niño). Estados transitorios como la fatiga o el sueño, así como emociones difíciles de gestionar para el niño como pueden ser la frustración, enfado, decepción o tristeza.

Por todo ello, algunos de los elementos a tomar en consideración cuando requerimos de la atención de los pequeños serían:

En primer lugar, interactuar con él o el grupo de manera personalizada (los factores intrínsecos a la persona descritos con anterioridad) en función de sus intereses o gustos, su edad y más que en función de la edad, en función del grado de habilidad de cada uno. A nivel personal, tener en cuenta las necesidades emocionales de cada pequeño.

El empleo de un patrón conocido para ellos, un poco de “rutina”, de orden en el conjunto de actividades a llevar a cabo, junto con la expresión clara de las instrucciones a seguir para llevar a cabo la tarea le aportan al niño cierto grado de seguridad y estabilidad.

Por último, pero no menos relevante: los niños precisan sentir que son parte activa del proceso de aprendizaje. Esto se consigue mediante una metodología de tipo participativo. En ella, el adulto adopta el papel de facilitador, más que de transmisor de conocimientos y juez de los mismos. De esta manera el niño adquiere un rol que le hace autónomo y participativo, comprometido con el proceso y con el grupo, frente al rol dependiente del adulto, receptivo y/o pasivo. En la metodología participativa se llevan a cabo trabajos o juegos cooperativos, los cuales facilitan la asunción de responsabilidades por parte de cada uno, la adquisición o mejora de habilidades sociales y comunicativas, así como la adquisición de habilidades para la resolución de conflictos, y llevan a la consolidación de lo expuesto teóricamente en el libro mediante una interpretación práctica y realista. En una metodología participativa aparecen elementos tales como diálogo (frente a escucha unidireccional), reflexión y posibilidad de aprender de los propios errores (frente al simple uso de la memoria) y, sobretodo, permiten al adulto o al docente llevar a cabo una evaluación continua considerando tan variados elementos sin necesidad de hacer de juez en un examen.

Ejemplos prácticos para mantener o retomar la atención del grupo:

  • Uso de actividades variadas en una duración adecuada al nivel de habilidad del grupo.
  • El uso de pausas, para reír, hacer un chiste, descansar brevemente y volver a prestar atención a la actividad.
  • Dar la oportunidad a los pequeños de que se conozcan entre sí, haciendo grupos de trabajo al azar.
  • Retomar la atención del grupo en un momento dado: alzar la mano y mantenerse callado, hacer un ritmo sobre una superficie y que ellos respondan con otro ritmo, decir la primera parte de una frase o verso y que ellos la terminen, etc.
  • Uso del tono de la voz y de los gestos en medio de la explicación, así como darles la oportunidad a ellos de complementar la información con partes que ellos ya conocen, de tal manera que se mantiene el diálogo del adulto al niño pero también del niño al adulto.
  • Y, por supuesto, juegos, dinámicas y otras actividades como manualidades dentro de cada “lección”, que sirven a modo de explicación, ejemplo y sobre todo diversión que les ayuda a fijar conceptos nuevos.

Clara Soria

La atención, ¿qué es?