Orientaciones metodológicas para la enseñanza del inglés lengua extranjera en alumnos/as de la etapa de primaria

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Orientaciones metodológicas para la enseñanza del inglés lengua extranjera en alumnos/as de la etapa de primaria

A lo largo de esta reflexión, vamos a detallar de forma concisa las diferentes orientaciones metodológicas que resultan claves para la enseñanza de la asignatura Inglés Lengua Extranjera, en alumnos de la etapa de primaria, derivadas de las indicaciones propuestas por el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCERL, 2001), así como por la normativa vigente relativa a la educación primaria, principalmente la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) y la Orden 17 de marzo de 2015 que desarrolla el currículum de la Educación Primaria en Andalucía.

En primer lugar, como sugiere el MCERL, la metodología del Inglés Lengua Extranjera será activa, participativa, centrada en el alumno y sus necesidades, y favorecerá, en última instancia, el aprendizaje a través del juego y la realización de tareas colectivas. En efecto, el juego es una pieza clave en la enseñanza de un idioma y válido para casi todos los propósitos, ya que los alumnos practican las diferentes destrezas (orales o escritas) olvidando el marco formal en el que se encuentran, promoviendo su interés y ofreciéndoles, además, confianza en sí mismo y en sus capacidades.a

Actualmente, la LOMCE sigue las disposiciones propuestas por el MCERL con el objetivo de alinear sus ideales con ciertos principios comunes de calidad. En este sentido, uno de los fines últimos en el aprendizaje de una lengua extranjera, de acuerdo con dicho Marco, es el desarrollo progresivo y eficaz de la Competencia Comunicativa; una noción relativamente reciente en la enseñanza del Inglés Lengua Extranjera, que se remonta al trabajo del antropólogo americano Dell Hymes en los años setenta, construido sobre una crítica al postulado de Chomsky “Competencia vs. actuación”.

Para un desarrollo óptimo y eficaz de la Competencia Comunicativa, el alumno debe ser capaz de realizar una serie de “Tareas de Comunicación”, formadas por un conjunto de acciones, con un objetivo comunicativo concreto, en un marco específico de la vida. En este sentido, la realización de una tarea comunicativa por parte del estudiante supone la capacidad de utilizar de manera correcta una serie de competencias individuales que le permitirán desenvolverse de manera adecuada en un contexto determinado.

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Actualmente el Marco distingue tres componentes de la competencia comunicativa que debemos tener en cuenta a la hora de trabajar el inglés en nuestras aulas: la lingüística, socio-lingüística y pragmática. Por un lado, la primera engloba aquellos contenidos relacionados con el “saber” y el “saber hacer”, como son el léxico, la gramática o la fonética, que siempre han sido considerados la piedra angular del aprendizaje de la lengua extranjera. En cambio, en los últimos años la competencia pragmática y sobre todo, la competencia socio-lingüística han pasado a un primer plano. Asimismo, de acuerdo con el carácter globalizado de la sociedad actual en la que convivimos, debemos remarcar la importancia de la competencia socio-lingüística, ya que hace referencia a la capacidad de una persona para producir y entender adecuadamente diferentes expresiones lingüísticas en distintos contextos de uso, en los que además entran en juego factores variables como son la situación de los participantes o las normas y convenciones de interacción que lo regulan.

Por otra parte, los últimos estudios sugieren que la motivación del alumnado (motivación intrínseca y orientada al estudio) y la teoría de las inteligencias múltiples propuesta por Gardner (2011) son claves para favorecer una implicación óptima de la persona en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Como bien indica este autor, no existe un modelo único de aprendizaje, por lo que el docente se deberá adaptar a las características individuales de sus discentes y respetar las diferentes capacidades y ritmos en la adquisición de los conocimientos.

Para adecuarse a las necesidades del grupo, el MCERL (2001) apunta que los docentes deben adoptar un enfoque comunicativo, así como una perspectiva basada en la acción en la enseñanza de la lengua extranjera. Dicho enfoque considera al alumno como un actor social capaz de realizar diferentes tareas, en unas circunstancias y un medio determinado, que no son solamente lingüísticas. Así, el aprendizaje es un proceso activo que se desarrolla en el interior del individuo, que es el último responsable de promover su evolución y su capacidad de autonomía.

Con el objetivo de adaptarnos a la heterogeneidad del grupo, podremos utilizar la metodología introducida por James Asher (1982) llamada “Respuesta Física Total” (RFT), según la cual los alumnos deben responder “físicamente” a las palabras e indicaciones del docente hasta el momento en el que ellos mismos se sientan listos para expresarse de manera oral e independiente; una fundamentación que es básica en los primeros cursos de la educación primaria.

En nuestro día a día, debemos motivar una metodología ecléctica, es decir, una acción coherente basada en la selección oportuna y justificada de estrategias de enseñanza que se ajusten a las necesidades e intereses del grupo. Por lo tanto, no nos debemos limitar a una sola vertiente metodológica sino que, de acuerdo con las metas que queramos alcanzar y los recursos de los que dispongamos, determinaremos la acción adecuada para explotar al máximo nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje.

Como indica Krashen (1983), el precursor del célebre “Enfoque Natural”, la enseñanza del Inglés Lengua Extranjera deberá favorecer las competencias receptivas antes que las productivas, y las competencias orales antes que las escritas. De hecho, según este autor, lo ideal sería aprender la segunda lengua como la primera: zambullirse sin demasiado esfuerzo consciente en un espacio lingüístico que permitiera desarrollar las competencias de un modo natural.

Por otra parte, es especialmente importante que la docencia en el aula se fundamente en la pedagogía del descubrimiento. De este modo, el alumno, que observa y reflexiona, permanece siempre activo y motivado, descubriendo por sí mismo las reglas del funcionamiento de la lengua, sintiendo su valor en la clase y su protagonismo en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Como resultado, parece que el lugar que ocupa el docente ha cambiado profundamente en la didáctica de las lenguas extranjeras. El profesor es el responsable de poner a los alumnos en las situaciones concretas que le permitan construir su propio aprendizaje, motivar la participación activa de los mismos y favorecer, en definitiva, una buena atmosfera de cooperación y ayuda en la clase.

Ciertamente, el aprendizaje de una lengua extranjera en la etapa de primaria es esencial, no solamente porque su conocimiento constituye un factor que favorece la cohesión social y el entendimiento entre pueblos, sino también porque las lenguas juegan un rol determinante en la promoción de la diversidad lingüística y cultural en el espacio europeo y la sociedad actual.

Carmen Alarcón

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