El origen del Black Friday y los misterios que esconde

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El Black Friday o “Viernes Negro” es el conocido día del consumismo a gran escala de todo occidente, imperante en países de lengua inglesa e influyente en prácticamente toda Europa y muchísimos otros países del mundo. Este evento que forma parte principalmente de la cultura estadounidense tiene su origen un día después del “Día de Acción de Gracias” o Thanksgiving. Con ello, es el viernes último del mes de noviembre cuando este evento se lleva a cabo.

Se dice que el origen del término viene acuñado por hacer que las cifras rojas de numerosas empresas se volvieran negras (es decir, positivas). Sin embargo también se le añade otro origen alternativo que puede tener más sentido. Su origen tiene lugar en Filadelfia donde, con motivo del Día de Acción de Gracias, se celebraba al sábado siguiente un partido de fútbol americano entre las academias de la escuela Naval y de la Armada Americana. Este evento, en el que incluso participaba el mismísimo presidente de Estados Unidos, (John F. Kennedy, por ejemplo) atraía a un gran número de personas de todas partes expectantes por ver el partido. Eso generaba numerosos beneficios aunque a la policía le daba solo problemas, de ahí que se le nombrara después como Black Friday, ya que más adelante se llevó a un plano comercial y se hizo  sin motivos del evento futbolístico, sino sólo con fines económicos y de beneficios comerciales.

Es este viernes 25 de noviembre cuando se llevará a cabo en la provincia sevillana y en el resto de la comunidad andaluza y española el Black Friday. En él no sólo empresas de rango internacional son las que compiten por llevarse al público sevillano, sino también los mismos locales originarios de la capital hispalense. Muchas tiendas de barrio, bares, restaurantes y un largo etcétera se han sumado a esta iniciativa que está más que comprobada que deja bastantes beneficios en los locales de la ciudad. 

Pero no todo puede resultar positivo a largo plazo. Es cierto que el comprador obtiene productos y servicios por un precio menor al establecido, o al menos lo considera una oferta aceptable que sabe que sólo podrá obtener en ese momento y lugar concreto. Por ello es igual de necesario la educación del consumidor para saber controlarse ante el poderoso adoctrinamiento del marketing. El motivo no es otro que el gran número de casos con personas con oniomanía o más conocido síndrome de la compra compulsiva. En él se establece un fuerte deseo por establecer compras incluso sin sentido, solo por la satisfacción que les puede llegar a producir llevar bolsas con compras o pasar la tarjeta de crédito.

Es por ello que, lo más recomendable es mirar la utilidad y el precio de nuestra compra en lugar de pagarlo a la ligera por ver una “supuesta superoferta”, ya que este consumismo excesivo y que se acrecienta con cierto peligro en eventos como este puede pasarle factura a muchas personas. A pesar de que ir de compras es una actividad de entretenimiento, de ocio, de compensación y evasión totalmente aceptada, hay estudios sobre la adicción a la compra que desvelan que existe, a modo general, entre un 2 y 8 por ciento de personas adictas a la compra en diferentes países. Concretamente, las investigaciones llevadas a cabo en Alemania por los psicólogos e investigadores Rafael Rodríguez Villarino, José Manuel Otero-López y Rosa Rodríguez Castro se manifestó que cerca del 20 por 100 de la población adulta eran compradores habituales al límite de convertirse en adictos. Incluso ya desde la Grecia Clásica y el imperio romano se encontraban casos esporádicos, que nada tenían que ver con los niveles que ha alcanzado en la actualidad.

Ante todo este panorama, existen diferentes tratamientos que ayudan al adicto a la compra a luchar con su enfermedad: el tratamiento farmacológico, los grupos de autoayuda y el tratamiento psicológico:

  • En cuanto al tratamiento farmacológico, esa impulsividad y depresión que sufre la persona  son la causa de por qué se usan fármacos para ayudar a combatir este problema de forma indirecta en la conducta de la persona. Esto se debe a los niveles bajos de serotonina que aparecen en los adictos a la compra, por lo que debe tratarse con fármacos como la fluoxetina y la fluvoxamina. Esto significa que mediante estos medicamentos, los cuales son antidepresivos, se consigue controlar la impulsividad y los estados depresivos, manteniendo así a raya la adicción a la compra.
  • Por otro lado están los grupos de autoayuda que, concretamente en este tema, se encargan de orientar de una manera grupal a que estos vayan dejando la adicción a la compra mediante técnicas comunicativas y de ayuda con un seguimiento en el tiempo. Todo esto es con el fin de reforzar la voluntad de los mismos pacientes a volver a la normalidad. Destaca el grupo de Deudores Anónimos como combatientes de la adicción a la compra mediante terapias en grupo.
  • Y finalmente está el tratamiento psicológico, que fundamentalmente se ha centrado en usar estrategias orientadas al insight o también llamado aumento de conciencia de los problemas adquisitivos. En definitiva, si algún adicto a la compra decide salir de ese “infierno del consumismo”, debe usar estos tratamientos de forma coordinada y cumpliendo el seguimiento de los profesionales que la tratan.

En definitiva, el mejor plan que podéis hacer este viernes es este, pero con moderación y autocontrol. Simplemente hay que fijarse en la forma en la que la cultura andaluza es capaz de hacer los pequeños detalles y menos costosos en los más felices, como por ejemplo aprender idiomas…

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El origen del Black Friday y los misterios que esconde